miércoles, 30 de septiembre de 2015

¿Comentar? ¿Para qué?

Desde hace tiempo observo los comentarios que dejan los lectores en las plataformas de compra, curiosamente unos libros tienen más que otros, algunos... ninguno. Así que me puse a pensar ¿Por qué hay libros que reciben más comentarios por parte de los lectores? ¿Qué pasa con esos escritores que no reciben opiniones de su trabajo? 
Pues bueno, me tomé el atrevimiento de preguntar a lectores y escritores sobre éste tema en el grupo Divinas lectoras. Las opiniones fueron de lo más variadas.

¿Cómo afecta la falta de comentarios a un escritor? 

Después del esfuerzo y tiempo invertido en crear una obra, el escritor necesita del feedback con sus lectores, cada comentario recibido es un reconocimiento a su trabajo, una caricia, un incentivo, una motivación para seguir. Además, todo comentario ayuda al crecimiento profesional del autor, las críticas positivas (con buena onda y constructivas) son bien recibidas por casi todos los escritores. 

Para no hacer análisis interminable voy a resumir: 

  • ¿El libro te gustó? tómate 5 minutos y comenta en Amazon, goodreads, google play, etc... es una forma de agradecer a los escritores por el tiempo y trabajo invertido y además incentivarán a nuevos lectores a leerlo. 
  • ¿No te gusta comentar en las plataformas? Pues, siempre tienes la opción de hacerlo en facebook, twitter o cualquier red social. Esto también ayuda ya que tus amigos conocerán ese libro que tanto te gustó.
  • ¿Qué pasa si no te gustó el libro? Algunos lectores prefieren no opinar al respecto por miedo a lo que los demás digan, pero una crítica constructiva hecha con respeto siempre es bien recibida por los escritores ya que eso los ayuda a corregir sus errores y mejorar en base a lo que sus lectores quieren. 

Para finalizar les dejo un pequeño relato del escritor Juan Ignacio Soimu, que amablemente colaboró con está entrada. "Mi lado de autor" les dará un pantallazo de la vida de un escritor durante el proceso creativo. 


Afuera hace frío, y adentro también. Me revuelvo entre las frazadas negándome a sacar mi cuerpo de las temperaturas agradables que le brindan los trapos que lo cubren. Dormí poco, creo que apenas fueron un par de horas; no, estoy casi seguro que fueron tres. La madrugada no tiene olores, no tiene sonido, casi no da señales de vida. Mis tripas se revolucionan, es ansiedad, es placer, es satisfacción. Es una sensación parecida al amor, pero no es amor. O sí, es una especie de amor un poco extraño; es amor a lo que uno hace.
Anoche me había acostado con la frustración de no tener las palabras justas, la última parte del mapa para llegar a destino. Y recuerdo que no fue solo una noche; llevaba 10 días dándole vueltas a algo que no llegaba por ningún medio, natural o forzado. Porque intenté despejarme, intenté hacer de cuenta que no me preocupaba nada y salí a refrescar mis ideas. Caminé por aquellos sitios que me relajaban, me propuse ver películas, hasta me reuní con amigos. Y aunque lograba pasarla bien disfrutando cada momento, esa “cosita” seguía ahí. Puede parecer obsesivo, y no dudo que en mi caso lo sea, pero la solución vino a través de un sueño. Sí, un sueño (acto reflejo de mi mente para dar por finalizado un proceso) que me trajo aquella escena que pondría el punto final a 4 años de trabajo.
Algunos pueden dar por finalizado el hermoso acto de darle vida a un relato en tiempos records y tienen la capacidad creativa de culminarlo en una semana, un mes o un año. En mi caso, entre idas y venidas, entre realidad y ficción, la idea que me invadió por sorpresa me demandó poco más de 4 años.
Me voy vistiendo con todo lo que encuentro a mi paso, me preparo un café y me siento frente al ordenador. Y es ahí donde la magia de las palabras se hace real; las palabras salen de mi cabeza y se la transmiten a mis dedos que se mueven ágiles por el teclado. Me levanto y voy por otra infusión oscura que me mantenga despierto. Miró el reloj, las siete de la mañana. El mundo comienza a tomar vida, los pájaros ya se presentan, el sol se sacude los primeros rayos que lentamente ingresan por mi ventana, y los ruidos de aquellos que arrancan la jornada, cada tanto me sacan de concentración. No me importa. Ahora soy solo yo y mi historia, como en tantas otras oportunidades. Y en un acto de grandeza, de apremio, sin creerlo, escribo la última palabra para que el círculo se cierre: FIN. Me quedo observando fijo la pantalla, cómo la barra vertical titila luego de ese punto. Y con lentitud y casi con timidez, mi boca va dibujando una sonrisa de “listo, te felicito. Lo lograste”.
Un puñado de seres conocen cada una de las palabras, cada capítulo, y estas escenas que fui volcando en una página que siempre estuvo en blanco: uno es real, yo; el resto de los conocedores son cada uno de los personajes que mi mente fue creando a lo largo del proceso. Porque, de más está decirlo, el acto en sí es un mero momento de soledad. Uno escribe para dos tipos de lectores. El primer grupo es el autor, quizás el más exigente, el más perfeccionista, aquel que pone las pautas, las reglas, y que lleva trabajo satisfacer. El segundo, y el más importante, es el grupo que está de la puerta para afuera. Lectores a los que uno desea manipular. Porque un autor es un manipulador de sentimientos. Un autor que logra sacarles una sonrisa, que logra despertar suspiros, y hasta puede llevarlos al borde del llanto, es un autor que ha hecho bien su trabajo.
Con la historia terminada bajo el brazo, el creador de esas palabras que dieron sentido a una idea, sale al mundo para regalar ese pedazo de su propia alma a todo aquel que esté dispuesto a leerlo, a compartir sentimientos, horas en vela, frustraciones y satisfacciones. Un autor que muestra con orgullo lo que pudo crear, es como un pintor que ha pasado horas, días, meses volcando sentimientos en los bastidores que cuelgan de las paredes, y que abre las puertas para enseñar esos instantes de inspiración.
Y llega el momento esperado, el instante preciso donde el autor se muestra expectante esperando la devolución. ¿Qué les ha parecido mi historia? ¿Qué les ha atrapado y qué les ha aburrido? ¿Leyeron la historia? ¿Logré transmitir aquello que deseaba? Los autores de estos tiempos, nos valemos a modo de vidriera de las redes sociales, los blog, y todo mecanismo virtual que lleva el estandarte de ser la vía popular para llegar a sus lectores. Dejamos parte de nuestra esencia en cada sitio, trozos de nosotros mismos que ponemos a disposición de aquellos amantes de la palabra escrita y que nos dan la oportunidad de entrar a sus vidas.
Pasa el tiempo y se abren dos posibles caminos; el primero es el autodidacta, el camino de las devoluciones, el del intercambio de ideas, el camino de los reconocimientos, de los agradecimientos. Y por otro lado, se abre la senda tan temida; la de la incertidumbre, la de falta de certezas, el vacío de interacciones entre autor y lector. Vemos que nuestra historia es tenida en cuenta, es leída, pero no vemos o no sentimos las palmadas en la espalda o las bofetadas en el rostro. ¿Cómo podemos saber qué ha gustado o qué ha decepcionado? ¿Cuáles son los puntos fuertes y los débiles? Por eso es fundamental para un autor saber qué piensa cada lector que ha cedido su valioso tiempo en leernos. ¿Habremos logrado hacerlos sonreír, llorar, ilusionarse? ¿Logramos manipularlos para que vivan la historia a la par de cada personaje? No lo sabemos. Siempre hay dos caminos…

Compra, lee y comenta a tus escritores... te lo van a agradecer. 

Sol Taylor

11 comentarios:

  1. Hola!
    Se que los comentarios en Amazon son muy importante, la verdad y lo asumo no suelo hacerlo es como que siempre me olvido de eso, leo un libro suelo poner fotos por las redes mientras lo leo, subo reseñas al blog y dejo comentario en Lectorati en dicha pagina tengo que registrar yo misma los libros muchas veces ya que los libros que leo muy pocos suelen estar registrado eso me lleva a la pregunta que a un lector muchas veces nos piden muchas cosas cuando el escritor no se toma su tiempo en registra sus libros en una red social de lectura. En Amazon es cierto como ya he dicho que se me va muchas veces y no suelo dejar comentarios, uno de los motivos es porque muchas veces los comentarios de menos de tres estrellas no me dejan publicarlos el motivo pues no tengo idea porque no hay palabras malsonantes ni insultos, es un pequeño resumen y mí impresión al leerlo y como lectora te diré que no me fió nada de los comentarios de Amazon, desde que entre en este maravilloso mundo he visto y escuchado de todo es cierto que habrá comentarios en los que refleje perfectamente que sintió esa persona al leer el libro pero hay una cara oculta el del amiguismo y el de los enemigos que ambos muchas veces suelen opinar muy distinto a lo que dicen en sus comentarios por eso prefiero fiarme de mí instinto y leer lo que me apetezca tenga más estrellas o menos.
    Un beso.
    Mis Momentos De Relax.

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  2. Tardé diez meses en escribir Los hijos del Armero y un par de meses en registrarlo. Varios meses participando en dos importantes concursos y buscando agente literario o editorial. Me decido a "autopublicarme" en Amazon y Createspace, doy un paso difícil para mi: incursiono en las redes sociales. Pasan semanas y nada; regalo el libro y se va en decenas... sigue el silencio. A los dos meses de haberlo terminado había empezado la segunda parte, pero lo dejé en pausa porque necesitaba saber cómo era recibido el primero. ¿Continúo escribiendo? ¿Continúo mis frustrantes intentos de prmoción?... A casi un año de terminar Los hijos del Armero alguien se ha tomado la molestia no solo de leerlo, sino de reseñarlo también. Era la palmada en el hombro que tanto necesitaba... Estaba a un suspiro de retirarme y seguir con mi vida ordinaria, pero ese mágico texto en forma de reseña reanimó mi sueño, ahora está más vivo que nunca.

    Gracias Sol Taylor

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  3. Yo casi siempre puntúo y comento en Amazon y en Goodreads, y lo hago precisamente por lo que dices. Los autores se merecen un poco de amor.

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  4. ¡Hola!
    La verdad que me considero "culpable" de no comentar en Amazon, pero si que hago reseña, lo pongo en mi página de facebook.... Quizás debemos pararnos un poquito más y hacerlo. Pero también es verdad, que me ha pasado más de una vez escribir y escribir comentario sobre un libro y no dejarme comentarlo, cuando ni he insultado ni nada...Y eso desanima mucho.

    Me gusta tu post.

    Besos ;) Nos leemos!

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  5. la verdad que siempre trato de comentar lo que leo sea en Amazon u otra plataforma, es como un ejercicio al final de la lectura además no cuesta nada y sirve mucho. muy buen relato Juan Ignacio Soimu.
    Sol Taylor besitos :)

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  6. Yo, antes que autor, soy lector, y siempre he dejado comentario en Amazon (en los demás sitios no, sobre todo si están en Inglés), lógicamente también se los he dejado al autor. Pero comprendo perfectamente a Jorge y a Juan Ignacio Soimu, en el que me veo reflejado en su estupendo relato. Un abrazo a todos y feliz tarde.

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  7. Excelente reflexión, Sol! Es tan fundamental la opinión de los lectores... Y los autores esperamos saber qué mejorar y qué mantener. Siempre son bienvenidas las opiniones si son hechas con respeto. Gracias por confiar en mis letras y haberlas compartido!!!

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  8. Me ocurre como a Frank Spolier: soy lectora antes que escritora y también suelo dejar comentarios en Amazon, además de recomendar en Facebook (en Google+ me cuesta, no consigo hacerme a este sitio). Me ha gustado mucho tu artículo porque veo reflejado lo que siento cuando alguien dejar algún comentario en mi libro en Amazon, en mi blog o en Facebook: es una sensación placentera. También me ha parecido estupendo el relato de Juan Ignacio Soimu: creo que cualquier escritor puede sentirse identificado de algún modo. Un artículo muy interesante. Saludos!

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  9. Hola! Estoy completamente de acuerdo con vos respecto a los comentarios. Si son buenos siempre sirven como apoyo y si son criticas constructivas, bueno pues sera hora de mejorar.
    Me quedo por el blog, saludos!!!

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  10. Siempre hago un comentario de mis lecturas. Pertenezco a un club de lectura y cuando me toca presentar el libro o libros que leí, me gusta decir una pequeña semblanza del autor, una sinopsis del libro y mi opinión personal. De tal manera que a mis compañeras, les provoque leer mi libro. El relato de de Juan Ignacio Soimú es muy bueno, dirigido al corazón y a la cabeza.

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  11. Siempre hago un comentario de mis lecturas. Pertenezco a un club de lectura y cuando me toca presentar el libro o libros que leí, me gusta decir una pequeña semblanza del autor, una sinopsis del libro y mi opinión personal. De tal manera que a mis compañeras, les provoque leer mi libro. El relato de de Juan Ignacio Soimú es muy bueno, dirigido al corazón y a la cabeza.

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